Reflexiones para tí.

Icabod

Pero por causa de la captura del arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su esposo, le puso al niño el nombre de Icabod, para indicar que la gloria de Israel había sido desterrada. 1 Samuel 4:21.

El niño no tiene culpa de nada, pero su nombre marcará mientras viva uno de los peores momentos de la historia del pueblo de Israel. Otro inocente que sufre. Quizá tu vida sea Icabod.

¿Cómo podemos estar sorprendidos de vivir nuestro Icabod ante la realidad? Para llegar necesitamos empequeñecer nuestra religión al nivel de la superstición. Apenas ritos externos, sin valor alguno. Ir a la iglesia después de haber dormido dos horas… ¡porque estaba en una fiesta! Ir al culto, para ver a… encontrarme o hablar con la chica (o el chico) que me gusta. Ritos externos que tranquilizan los ojos de algunos mayores, pero que no aquietan tu alma. Elegimos la forma, nos olvidamos de la sustancia.

Caemos en pecados graves y escandalosos, pero los “administramos”. Ofni y Finés son buenos caminos para llegar a Icabod. Cuando el pecado toca a un líder, lo despedazamos; cuando lo comete uno de la “multitud”, lo explicamos. Jugando con el pecado, llegaremos rápidamente a Icabod. El mundo se divierte mientras camina rumbo al infierno; la iglesia ¿se divierte con él? ¿Tú te diviertes con él?

Icabod es el resultado de gente que no vive el gran sueño de Dios, y se conforma con la pesadilla del mundo. Estamos más preocupados con nuestros deseos mezquinos que con los desafíos que el Cielo nos presenta. Estamos tan centrados en nuestros ombligos que no tenemos tiempo de mirar el horizonte.

No podemos esperar mucho de personas que lo más lejos que consiguen ver es la punta de sus propios zapatos. Para que llegue Icabod es necesario que el líder sea viejo y ciego, y que lo máximo que pueda hacer sea sentarse en una silla a esperar. El problema no es solamente Eli. La cuestión está en un pueblo que no tiene capacidad para cambiar y renovarse, que se conforma con la situación “como está”. Estamos espiritualmente sentados, engordando, inactivos, ciegos ante nuestras propias necesidades, envejeciendo con las mismas actividades que no nos satisfacen ni nos reavivan.

Laodicea es Icabod. Tú podrías llegar a ser Laodicea. La buena noticia es que Jesús, pese a todo, ama a Laodicea, por eso te llama para retornar a su gloria.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2014
“365 Vidas”
Por: Milton Betancor






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